Tenis es tenis

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Decía algo así el otro día como que Nadal era el guionista de sus logros deportivos y creo que existe una teatralidad en la puesta en escena de la preparación de cada encuentro, cada torneo, cada temporada, en la vida deportiva de Nadal. Más prosaicamente estaríamos hablando de una planificación, pero lo de este deportista creo que es algo más.

En realidad -ya me ocurrió la vez pasada- me resulta muy difícil poner en blanco sobre negro esta percepción. Intentando no irme demasiado lejos ni muy por las ramas, en el último RG vimos según mi entender esa dramatización. Nadal llegó a París con dudas por lo que todos ya sabemos y aquí debió poner en funcionamiento su estrategia. Estaba más que seguro que en condiciones normales debería haber ganado alguna de las cuatro finales contra Djokovic, pero esto no fue así, mas lo determinante era concluir no sólo que el serbio era mejor en esos momentos, si no que también le había desmoronado toda su entramado de cómo podía alcanzar las victorias. Se dio cuenta que la estructura sobre la que planificaba sus partidos cara a la victoria, a pesar de su convencimiento, no le estaba siendo suficiente y entonces se planteó de qué manera podía alterar esa dinámica. Primero desmontando mentalmente su favoritismo sobre cualquier jugador en aras de poder recuperar la sensación de que debía luchar y acostumbrase a batallar por cada punto cómo si fuera el primer torneo grande que jugara. Para ello durante la primera semana tenía que llevar al límite cada encuentro.

Se ha hablado que jugó mal, muy mal, pero lo cierto es que en ningún encuentro estuvo contra las cuerdas. Existía margen, bastante margen (como en su juego) y mientras tanto luchaba por no perder desempates contra sacadores (como no fue así hubo que ir hasta los cinco sets –una vez y no más), resistir embestidas de jugadores que adquieren una confianza que ya quisieran otros de ranking más elevado, experimentar las soluciones específicas anti-Djokovic vistas en los entrenamientos (sobre todo derechas paralelas en carrera y golpes de derecha, respuesta a reveses extremadamente cruzados y pesados con el jugador contrario sensiblemente desplazado en el cuadro opuesto, saques de menores velocidades y ángulos extremos…) todo ello en dosis casi homeopáticas y todo ello alimentando esa sensación de inseguridad que le estaba rodeando (cansancio, temporada, objetivos ya alcanzados, derrotas) en un equilibrio muy difícil de mantener, sabiendo que un punto más de riesgo le podía obligar a hacer las maletas prematuramente, pero era el guión que se había marcado y como siempre lo cumplía a rajatabla. Además por otra parte los supuestos futuros rivales tenían que lidiar con la cuestión de que Nadal parecía que no estaba, pero sabían a ciencia cierta que sí que estaría. Otro factor importante y al que también sin duda el jugador hace referencia en alguna de sus intervenciones fue la suerte. Y ahí también tuvo su grado de éxito. Su comentario previo a las semifinales no fue nada gratuito. Otro argumento dramático también bien resuelto.

Y del guión de la final que se determinó no debería haber demasiada discusión. Estaba ya escrito desde hacía ya mucho tiempo, desde ya la primera final de ambos en París, lo cual es digno de reseñar: cinco finales después el resultado es curiosamente similar más que en el tanteador final de 3 sets a 1, en las sensaciones de que uno se creía mejor pero otro tenía más claro como se podría desarrollar la trama de la historia, o por lo menos quien pasaría debidamente la última bola por encima de la red.

Pareciera que le quiera dar más importancia a las cosas de lo que realmente tienen, un poco en disonancia con lo que –mira tú- también el centro de nuestras atenciones ha comentado, de que el tenis no es más que pasar una pelota por encima de una red, si es posible siempre una vez más que el contrario y que hay cosas que tienen mucha más transcendencia que lo que un simple deporte tiene, pero no sé yo. También se podría hablar un poco de los matices que esta aseveración también presenta, incluso lo contrario pudiera ser objeto de debate. Alguien ponía en duda la supuesta mayor profundidad de la obra de un relevante autor conforme iba madurando su dominio de la técnica y de su conocimiento del alma humana y venía a decir que era todo una tanto exagerado: lo que ocurría es que esa personalidad, como no podía ser de otra manera, debido a su entrega en su trabajo y a sus sobresalientes condiciones, simplemente hacía mejor su tarea; pero preferiblemente, si cuadra, si puedo y si tengo capacidad, en otro momento. Casi mejor.

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