LOS HIJOS DEL TEMBLOR

Cuerpo y mundo son uno para quien perdió
la tierra firme y abraza lo desconocido,
el prisionero de una anatomía incierta, el errante
entre las arenas movedizas de la propia carne.
Duro es constatar que ésta es la condición
verdadera de los hijos del temblor
y que el sólido suelo antes hollado era la mayor ilusión,
es duro pero al fin crecemos
cuando tiembla la tierra bajo nuestros pies.
Porque entonces ya no hay mucho afuera
ni cuerpo vanidoso de su ley
sino, uno los dos, sólo la frágil criatura
que nace, vive y muere en el mismo día
para alegrarse, al otro, de volver a nacer;
sabia es para el peregrino la ligera escudilla del mendigo,
donde las dádivas de cada hora,
generosas o avarientas, procuran el alimento de la vida.
Ciego eras, cuerpo, cuando eras rico
y ciego era el mundo que te contemplaba,
justo fue el terremoto contigo
al restituirte tu original estado.
Abandonaste para siempre la patria firme,
y eres isla, nave, balsa, agua, burbuja a la ventura
que la brisa de la mañana puede romper para siempre.
Roca te creíste y eras burbuja. Como el mundo.

Rafael Argullol
El afilador de cuchillos – (Un poema)
Nº XIII

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2 Comments

  • Ingrid dice:

    Precioso….y temeroso…!

  • JCoello dice:

    Siento de veras no haberte agradecido antes tu comentario y participación en esta entrada.

    En todo caso parece que siempre es tiempo de temblores y cualquier momento se me antoja extrañamente apropiado.