Hirosima, Nevers. Imágenes recuerdos. Estratos de la memoria.

En Turín existe un museo del cine (Museo Nazionale del Cinema – http://www.museocinema.it/) creo que actualmente en una privilegiada sede y muy completo, que en la época en que tuve la oportunidad de residir en la capital piamontesa, el espacio se circunscribía a tres salas en las que se proyectaba cine del denominado de autor de todas las épocas de la historia del cine y que me abrieron un mundo que no había explorado de la manera que el así llamado ‘Cinema Massimo’ me permitió. Así, poder ver en pantalla grande películas en versión original de obras maestras de todos los tiempos, cine de culturas no occidentales o cintas recientemente premiadas en prestigiosos festivales que no tenían un eco comercial parejo a su calidad, era una de mis ocupaciones más preciadas a lo largo de la semana durante mi periodo turinés.

En el programa ‘Libro de Notas’ de Radio Clásica se emitió un programa centrado en el primer largometraje de Alain Resnais, con guión de la bien conocida Marguerite Duras, ‘Hirosima mon amour’, cinta que su visión en una de las salas de la vía Montebello, me había dejado una impresión, quizás mal llamada indeleble, pero sin duda una viva impresión, y que gracias a las bondades de los podcasts he podido escuchar en un par de ocasiones; la más reciente ayer mismo, dos días después de la conmemoración de la masacre que la bomba que portaba el interior del Enola Gay produjo en la mañana veraniega de la ciudad del delta del río Ota. Revisité esta cinta en su versión doméstica hace unos años, en condiciones que lejanamente recordaban al casi acto ritual que produce la visión del cine –si cabe más este tipo de cine- en un sala adecuada y en condiciones, digamos interiores y personales que facilitaban la impresión sensible de la visión de una obra de arte, bien diferentes. Pero la escucha de este excelente programa radiofónico volvió a reclamar mi atención sobre la cinta francesa y volver a pasar su metraje en la intimidad de mi pantalla de ordenador (quien lo diría hace ahora casi veinte años).

Hiroshima, mon amour, de Marguerite Duras. (Libro de Notas)

Uno nunca sabe muy bien por qué la vuelta -pasado un estimable tiempo de la impresión que un objeto o vivencia determinada produjo- a ese objeto o ‘recuerdo imagen’ de esa vivencia, produce una huella generalmente bien diferente. Este ‘objeto’ aquí referenciado no podía actuar de forma diferente y quizás gracias a la escucha atenta del programa radiofónico –y por supuesto a las condiciones personales actuales- la visión de la película me ha vuelto a impresionar sensiblemente, pero como digo, de forma bien diferente a la que en aquella época su visionado me produjo o a lo que el recuerdo imagen de aquella viva emoción me ha proyectado en el presente.

La confrontación del sufrimiento personal y colectivo, la fragilidad de las fronteras entre el pasado, el presente y el futuro, la evocación de los recuerdos – de su estratificación y su materialización en el presente-, todo esto como vehículo para la superación de una determinada etapa de la vida, quizá traumática, o cuando menos intensa de un proyecto de vida personal, están aquí presentes y pueden ayudar a afrontar situaciones personales, para nada semejantes, pero lo personal sin duda llega a ser más importante que cualquier otra vivencia individual o colectiva y como se puede escuchar en el guión de ‘Hirosima mon amour,’ la ilusión de que nunca se puede olvidar es igual que en el amor, una ilusión.

Otras consideraciones no menos significativas atraviesan una película que tiene la realización de otra película en su interior sobre las amenazas futuras que se originaron y que hoy todavía son actuales, después de que se alcanzasen diez mil grados sobre la Plaza de la Paz.

Hay cosas que se pueden, se deben olvidar y hay otras que no se pueden, no se deben olvidar, (sin embargo).

Interesante la partitura musical de la cinta por parte de Giovanni Fusco, muy camerística y buen acompañamiento de las tribulaciones de la pareja protagonista.

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